20/08/2013 17:48
Hoy me enteré que morirías...
Hace horas que no puedo dejar de pensar en ti. Ni siquiera importa que no te conozco. No puedo dejar de pensar en tu sonrisa temblorosa. No puedo dejar de pensar en tus pequeñas piernas temblando cuando intentas estirarlas por la mañana, aún sobre tu cama. Desde ayer aguanto las ganas de llorar. No puedo dejar de pensar en tus ojos. Atentos a cada segundo que te queda de vida. Atentos.
No dejo de pensar en tus padres. En su angustia, en su impotencia. En su lucha contra el absurdo de la muerte. Me consterna de sobre manera pensar en que gustabas de jugar futbol. Que te encantabas de reír, y que no sabes si lo harás de nuevo. Mi nudo en la garganta quiere reventar cuando pienso en tu padre, llegando a casa con un nuevo videojuego, desesperado por hacerte sonreír. Me rompió el corazón saber que cuando intentaste jugar, simplemente tus ojos te lo negaron. Se negaron a dejarte sonreír.
Maldita e ingrata muerte. Los amargados deberíamos morir, y los jóvenes y niños aún enamorados de la vida vivir por siempre. ¿A dónde van los muertos? Preguntó ayer mi madre. No lo sé. Pero a donde vayan… espero que puedan sonreír.
10/08/2014 13:32
Hoy, casi un año después me enteré que moriste... Que te fuiste sin despedir, pero también sin saludar, sin siquiera presentarte. Hoy te has ido y me hubiera gustado decirte mi nombre. Decirte algo, cualquier cosa.
Adiós amigo. Nunca supiste de mi, y ahora nunca sabrás todo lo que me has enseñado. Creo... que trataré de sonreír por ti. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario