viernes, 27 de mayo de 2016

Coma,



Hola, y probablemente adiós.
Sinceramente, es en lo único que debería constar nuestra ultima plática.
Hay demasiado que decirnos, y dudo que todo quepa en el espacio de esa coma.

En lo personal, me gustaría regalarte un momento más en mi vida.
Quizás un par de años sean lo correcto, o un par de meses. No sé en cuanto tiempo podrías juntar el valor de tenerme hasta la coronilla y obligarme a abandonarte. O quizá sea, al contrario, y dicha coronilla parezca cómoda, incluso atractiva.
Habiendo tantas conversaciones posibles, y tantas frases cliché de donde escoger, me sorprende que seamos tan aburridos. ¿Por eso existe el cliché no? Porque funciona. ¿O ya estamos de regreso en el otro lado del diagrama? ¿Dónde dejó de serlo y no funciona? No lo sé. El apartado mundo de la intersección de dos vidas que es nuestra vida juntos parece basarse en la premisa de que todo lo que aparezca ahí, de algún modo, obtiene el derecho a ser juzgado y asignado un veredicto. Realmente no importa cuál sea este, al final haremos lo que nos plazca, como siempre lo hicimos.

No sé en que momento destruimos esa intersección. O más bien, comenzamos a vivir en el complemento. Vaya, que no la olvidamos, ni siquiera fingimos que no está, solo la dejamos existir.
Ahí en suspensión, es donde el polvo en capas crea sus formas cada vez que, temerosos, le pasamos un dedo por encima.

Me gustaría entender a la gente que dice que recordar es volver a vivir. ¿Vivir de nuevo? Cada que recuerdo, siento que nos estoy creando nuevamente. Cada momento en mi memoria hago una edición nueva de nosotros. Elimino nuestros defectos, le agrego un par de virtudes modestas y algunos errores; ese tipo de detalles que le dan sabor y congruencia a un buen cuento, que le otorgan volumen. Un par de incontables sesiones parecidas y listo, soy yo, dándome cuenta de todo eso que no soy, no eres, y no éramos.
Es un juego peligroso, y no siempre logro ganar. A veces una de esas creaciones se cuela a mi memoria, y entonces llegan las preguntas sin respuesta, la incertidumbre de dónde estuvo el error y donde dejó de importarnos.

Aun así. Mentiría si dijera que no atormentas mi mente de vez en vez. Mejor demostración de esto no existe, que no sean estas propias líneas. Donde la mente tiene que abstraer una sinapsis caótica en una estructura semi coherente que sea capaz de re absorber. Todo para mandarse un mensaje atemporal a sí misma, donde la edición debe ser consciente, y la exposición una elección.

Mira aquí de nuevo, razona conmigo. Porque la vida deja de tener coherencia y su punto de quiebre se encuentra peligrosamente en ese espacio que no cabe en una coma.

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