sábado, 30 de enero de 2016

Deceiving


      Se convirtió en mi modus vivendi ¿captas? Mentir. Todos los días, No tuve nunca una manera más sincera de vivir. Decía lo que quería, lo que se me antojaba. Si quería ser un carita egocéntrico ¡pum! Lo era. Si quería ser… bueno, cualquier cosa solo tenía que hacer algo tan simple como entrar en personaje, hojear mentalmente un par de libros y buscar algo que se le pareciera, mezclar un poco, matizarlo y ya. Al final podía tener claro que decir, como moverme, con cual de mis rasgos quedaba bien tal o cual treta y, sin ser exagerado: entrar a escena. Después de todo, que somos los actores si no mentirosos y ladrones de expresiones ajenas, ¡ah! y para aclarar, todos somos actores o al menos lo intentamos. Con esa naturalidad me bebí la vida a tragos, más de lo que podía digerir sin terminar en el suelo con arcadas cada mañana, pero ¿a quién sinceramente le importa? Cuando tienes todo por delante y no tienes tiempo para perderte en el pasado eres como una máquina, solo que increíblemente más útil. 

      No importa cuán lejos viajes, o cuan extraño sea el lugar donde te encuentres, la lástima, el asombro y la soberbia entre otros, son valores universales. Esos pequeños cuchillitos de doble filo son los que a fin de cuentas te van a abrir paso en la vida, recuérdalo. Y no, no me refiero a los tuyos, a nadie le importa si te tienes lástima, o si crees que eres bella y nadie te merece, créeme, a nadie le importa un kilo de… bueno, nada, lo que sientes. No, tienes que aprender de ver a la gente malabareando las navajas sobre su cabeza, y saber cuándo distraerlos y zas, tienes lo que quieres, como lo quieres. La gente está ahí esperando a que les caiga algo del cielo, siempre. No conozco a nadie a quien no le caerían de pelos un millón de dólares, pero esa es otra historia, yo me refiero a cosas aún más idiotas, más obvias en muchos casos, pero en otras, las que te permiten ser el maestro en donde te presentes son más tenues y esquivas. ¿Debería escribir un libro no crees? “Las navajas sobre tu cabeza” Lo triste es que perdería el misterio, y yo mis secretos. Esto te lo cuento a ti, porque bueno… quien sabe. A veces me gusta jugar así porque si, mover un poco el tablero a ver si se pone interesante. En fin, ¿por dónde estaba? Ah sí, ganarte la vida. Ni siquiera voy a entrar en detalles porque deberás apréndelo a base de tus propios chingadazos, pero verás que más allá de cualquier talento que tengas, trabajo o preparación, la vida en sociedad te pondrá bajo el jodido placer de tener que hablar con alguien, de negociar sus alegrías y si tienes suerte, de hacer su vida un poquito menos o más miserable, ahí es donde tendrás que demostrar tu destreza para arruinarle el teatro a la gente. A fin de cuentas, llegarás a notarlo, tus emociones son solo tuyas mientras cierres la boca y mires al piso. En el momento en el que decidas compartirlas, mirar al cielo distraídamente mientras caminas entre la gente o soltar una lagrimita en el metro, en ese momento pasas a ser figura pública mi amigo. Estás condenado y esa mierda incontrolable que llamas emoción interna pasa a ser todo lo contrario. En el momento en el que alguien lo note, ya te jodiste. Están ligados. Puede que sea por un segundo, pero la naturaleza humana nos dio empatía y mierda, esa cosa es buena. Sin ella yo no sería el hijo de puta que soy, y sin ella tu no estarías aquí y también sin ella nada funcionaría. Porque si hay algo que la gente no puede resistir es tratar de meterse en tu cabeza, o la mía, vaya, en donde no la llaman. Incluso quien no te pone atención muere por hacerlo, simplemente para alimentar su ego de que lo que sea que tenga en la cabeza tan superficial como pasar a comprar leche, es más importante que lo que te esté haciendo sentir que te está cargando la chingada. Así que felicidades, ahora sabes lo que sabe un bebé de un día de nacido: Si quieres atención llora, si quieres compasión sé miserable, si quieres confianza ten seguridad. La gente es como un químico a más de un nivel, si te las arreglas para agregar a su mezcla interna el ingrediente correcto, obtendrás usualmente lo que quieres, incluso puede que te dejen quedarte con el cambio. 

     Ahora que sabes un poco más de lo evidente, déjame que te mienta un poco más, y te recuerde que tú no eres nadie y, por cierto, deberías quedarte así. Ser nadie es la mejor manera de ser alguien. No sé si me explico: Quien no es nadie, es un lienzo en blanco, y lo extremadamente hilarante es que no hay nada que le dé más miedo a un extraño que alguien en blanco. Casi siempre conoces a alguien y clic, lo odias. A veces crees que lo amas, pero no puedes amar lo que no conoces, así que asumiremos que eso es dopamina y urgencias reproductivas, y lo dejaremos así. Tu esencia, como buen misterio, es ser aterrador, pero no lo suficiente como para que dejes de ser interesante. Todos adoramos un buen misterio, y como animales curiosos de hecho los buscamos, aunque la mayoría ha pasado a conformarse con preguntarse qué cenará esa noche tu trabajo es recordarles que eso es de hecho, el menor de sus problemas.  Y con conocer y odio no me refiero a la cara de la rubia de bote, gorda y vestida en rosa que voltea la cara a quien le pide comida en una esquina, eso apenas es cruzarse en la vida de alguien, de esos hay toneladas, literalmente un muro de accidentes comunes en tu vida que solo está ahí para estorbarte cuando pasas. Por desgracia es un muro insignificante pero necesario, importante si quieres, si no existiera no habría nada único, y de esos únicos, es de lo que nosotros vivimos mi amigo.

viernes, 29 de enero de 2016

Anonimo.


  ¿Amor? Hay cosas más nocivas que eso. Son más peligrosas, se parecen a la obsesión y yacen al lado de la lujuria, esas te seducen a esos tres segundos de estupidez y ¡pum! todo se fue al carajo. Todo porque estamos solos, y eso nos chinga. Nos remueve la bilis ver gente feliz y contenta, aunque la tachemos de pendeja. Ni si quiera son celos, es pura y chillante repugnancia. ¿Qué saben ellos de sus trances mojigatos? ¿De que la carne se les va a caer y que a la larga hay que comprar las miradas con cinismo? Lo que cala es que no hay medio camino. No hay a quien tirarte y te tire como dios manda por quien eres. Todos te usan “por dé mientras” ¿Mientras qué? ¿Mientras llega the one? No mamen. 
Y ese no es el verdadero problema, hablémoslo claro, usarme o usarte, si te agrada la idea y a mí, I’m in. Lo que me ha llevado a tomar mi ropa y largarme de ahí es esa bonita mirada ausente que suelen tener de culpa. “No te beso, no es por amor” “No hablemos, son solo necesidades” ¡¿Necesidades?! A veces necesito un beso, no me basta poner el cuerpo en marcha y ya. A veces necesito hablar, no me importa si te quedas o te largas de madrugada. A veces necesito tres o cuatro tragos, y que me saquen cargando de la pocilga en la que me haya metido. Que me lleven a casa y me vean dormir. Me vale madre si al día siguiente quiero matarme por tamaña pendejada, pero por favor entiendan. A medias no me sirven. A medias no les sirvo. 

        Dejen de buscarle nombrecitos: amigovios, fuck budy’s, free. Lo ponen como a medio camino de un noviazgo y a un tercio de dignidad. Si me van a coger háganlo bien, si me van a besar háganlo como se debe: tronado, de lengua o con suspiros de por medio, pero por favor, si medio me van a tener lástima, mejor tráguensela porque sus pasitos a medias no me dan para medio bailable de secundaria. 

        Y yo para que me hago, si también ando entre la indecisión y las pinches lágrimas de soledad, pero el pedo es que me gustan. Olvidemos las cicatrices y el cardio bien roto por un ratito, y aunque el orgullo me quiera madrear les digo que lo intento. La expresión ausente en el sexo es una mamada, o se hace o no se hace, pero no a medias, a medias ya tuviste media prepa y alguna que otra estupidez en medio. Y si te voy besar, lo voy a hacer bien, como si quisiera sacarte el alma por diferentes métodos: suave, o fuerte y a mordidas, no sé y espero nunca saberlo.

lunes, 4 de enero de 2016

Dios no ha muerto.


Dios ha muerto.

Por mentiras más pequeñas me metí en varios problemas. Dios no ha muerto. Dios está ahí. Es uno y es muchos, y está aquí en cada esquina. Lo veo a diario. En los sinsentidos de piedra donde la gente se acerca cada domingo o cuando lo necesita para elevar plegaria. Está ahí también cuando al margen de cualquier razón, sirve como justificación para todo acto de bondad humana que pueda emanar de mí, de ti, de nosotros como raza.

Es probablemente una de las cosas más molestas de estos días contemporáneos; ver y oír niñatos que apenas han aprendido a leer un par de líneas repetir a Nietzsche como silbido de camotero. En fin, cada que los oigo saliendo de sus salones de clase como si el conocimiento se regalara del tal modo que fuera suyo apenas segundos después de recibirlo. Ya no hay respeto por el añejamiento y la digestión. A estos niños se les fueron las tertulias sin haberlas conocido y parece que se les irán también las cabras. Dios no ha muerto niñatos, y están demasiado miopes para darse cuenta. De hecho, tengo la seguridad de que revisando mi propia vida podríamos darnos cuenta de ello, es más, revisando cada una de las incontables vidas humanas que han existido podemos darnos cuenta de ello: Dios no ha muerto.

Mira alrededor, mira el cielo, mira la tierra, mira el mundo y la belleza del universo en el que vivimos, el verde, los cuervos, las migas, los libros. Todo y nada es sagrado, según como lo veas, y con tanta gracia en potencia y manifiesta como puedes dudar que dios no ha muerto. Míralo de este modo, podrías mirar la belleza humana hasta el asco, y nunca dejarías de encontrar algo hermoso, en sus cuerpos, en sus creaciones o en sus verbos. Siempre hay algo más en lo que detenerse, algo a lo que buscarle significado. ¡Pero no lo toques! ¡No lo rompas! Pues es o será sagrado. A veces me pregunto cómo los ilusos no viven como aquellos que no comprenden que dios no ha muerto. Llenos y sobrepasados por la fascinación y el embelesamiento por un mundo que no entienden. Cómo no les rechina en la piel como escalofrío involuntario cruzarse de vez en cuando con sus propias fantasías que modifican el mundo cada vez pasan por detrás de sus ojos.

Es esa fascinación después de todo la que nos dice, la que nos asegura que Dios no ha muerto. Ella nos lleva más lejos de los que nuestros propios ojos nos regalan día a día. Nos ruega casi, que ampliemos nuestros sentidos y busquemos más allá de nuestra limitada visión. “El más allá” no es más que eso, el mundo detrás del mundo. El mundo que nos intriga y funciona, que dictamina, mantiene y hace cumplir sus reglas, y que nos regala armonía, no importa quién o qué seas, todos los hombres son creados iguales, y también las piedras, las ranas y los soles. Todos estamos sometidos y liberados para accionar y reaccionar continuamente mientras existamos, consientes o no, tenemos un periodo y lo cumpliremos según leyes que probablemente no hemos entendido aún, las misteriosas maneras que claman por ser resueltas.

Dios no ha muerto, y nunca lo hará. Específicamente, porque algo que no existe, algo que no está vivo, no puede morir.

sábado, 2 de enero de 2016

Something to think about.



"To the best of my understanding, bigotry, intolerance and hearted, are not values. But then faith isn’t a virtue either, and while we are at it, intelligent design is not a theory, creationism is not science, abstinence-only is not sex education and the bible is not the word of god". - AronRa